先週からの全国的な厳しい寒波により、湖北でも積雪が続き、今朝も一面の銀世界に包まれています。

窓の外に広がる雪を眺めていると、韓国の女流作家ハン・ガンの『すべての、白いものたちの』という一冊の断章が心に浮かんできます。

彼女はその中で、おくるみ、雪、塩、月といった「白いものたち」を通して、生と死、そして人間の痛みを見つめました。彼女が描く「白」は、ただの色ではありません。それは傷ついた魂を優しく包み込む「静かな祈り」のようでもあります。

この景色を見るたび、私は30年近く前の記憶を呼び起こされます。 当時、私は自動車免許を取り立てだったにもかかわらず、来日された著名なアメリカ人牧師夫妻を送迎することになりました。雪混じりの慣れない道。大切なお客様を乗せているという重圧に、私は極度に緊張していました。

その時です。後部座席から、私の横顔を覗き込むようにして、巨体の牧師がにっこりと微笑みかけました。 「君は本当にグッドドライバーだね」

その一言で、私の強張っていた心はスッと解けました。すると夫妻は、優しくハミングを始めたのです。それは有名な賛美歌「罪の世人(よびと)らに」でした。

「雪よりも~ 雪よりも~ 白くなしたまえ 清き血潮にて」

私もそのハミングに日本語で加わりました。雪道を走りながら、車内は神様の温かい臨在で満たされていきました。それは、イエスに罪を赦された者が放つ、独特の平安でした。

聖書(イザヤ書1章18節)には、このような言葉があります。 たとえ、あなたがたの罪が緋(ひ)のように赤くても、雪のように白くなる。たとえ、紅(くれない)のように赤くても、羊の毛のようになる。」

私たちは誰しも、心の中に「消したくても消せない汚れ」を抱えています。 過去の過ち、誰かを傷つけた言葉、あるいは自分自身を許せない苦しみ。それらはまるで、白い布に飛び散った鮮やかな「緋色」の染みのように、私たちの心を重く沈ませます。

しかし、イエス・キリストという方は、その「染み」を自ら引き受け、十字架の上ですべてを洗い流してくださいました。これを「贖(あがな)い」と呼びます。

私たちが「良い人間」になったから白くなるのではありません。罪を悔い改め、神様があなたを救うために用意された「イエスの贖い」を信じ、信頼することによって、私たちは白くされるのです。

一面の雪景色は、すべてを覆い隠してくれます。 アスファルトの黒ずみも、泥の汚れも、ただ静かに、天からの白が包み込みます。

神様の赦しも、この雪のようです。 あなたの過去がどれほど赤く染まっていたとしても、神様の愛はそれを覆い、新しく、真っ白な人生へと塗り替えてくださいます。

今朝、静かに積もる雪を見ながら、皆さんの心にもこの「静かな赦し」が届くことをお祈りしています。

 

La ola de frío intenso que azota al país desde la semana pasada también ha traído nevadas persistentes a Hokoku, cubriendo el paisaje con un manto plateado esta mañana.

Contemplando la nieve que se extiende más allá de la ventana, me viene a la mente un fragmento de la obra de la autora coreana Han Kang, «Todas las cosas blancas».

En ella, reflexiona sobre la vida, la muerte y el sufrimiento humano a través de «cosas blancas» como los pañales, la nieve, la sal y la luna. El «blanco» que describe no es solo un color. También se asemeja a una «silenciosa plegaria» que envuelve suavemente las almas heridas.

Cada vez que veo esta escena, me evoca un recuerdo de hace casi treinta años. En aquel entonces, a pesar de haber obtenido mi licencia de conducir hacía poco, me encargaron transportar a un distinguido pastor estadounidense y a su esposa que habían venido a Japón. Las carreteras desconocidas estaban cubiertas de nieve. La presión de llevar a unos invitados tan importantes me tenía extremadamente tenso.

Entonces sucedió. Desde el asiento trasero, el corpulento pastor me miró de perfil y me sonrió cálidamente. «Realmente eres un buen conductor».

Esa sola frase derritió al instante la tensión de mi corazón. Entonces, la pareja comenzó a tararear suavemente. Era el famoso himno «Oh, mundo pecador».

«Más blancos que la nieve, más blancos que la nieve, háznos puros con la sangre de Cristo».

Me uní al tarareo en japonés. Mientras conducíamos por la carretera nevada, el coche se llenó de la cálida presencia de Dios. Era esa paz única que irradian aquellos cuyos pecados han sido perdonados por Jesús.

La Biblia (Isaías 1:18) contiene estas palabras: Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Todos albergamos en nuestro corazón «manchas que desearíamos poder borrar, pero no podemos». Errores del pasado, palabras hirientes dichas a otros o el dolor de no poder perdonarse a uno mismo. Todo ello pesa mucho en nuestros corazones, como manchas carmesí vívidas salpicadas sobre un paño blanco.

Sin embargo, Jesucristo tomó sobre sí estas manchas y las lavó todas en la cruz. A esto se le llama «redención».

No es porque nos hayamos convertido en «buenas personas» por lo que somos blanqueados. Es al arrepentirnos de nuestros pecados y creer y confiar en la «redención de Jesús», preparada por Dios para salvarnos, por lo que somos blanqueados.

Un manto de nieve lo cubre todo. El asfalto ennegrecido, las manchas de barro… todo queda envuelto de forma sencilla y silenciosa por el blanco del cielo.

El perdón de Dios es como esta nieve. Por muy manchado que esté tu pasado, el amor de Dios lo cubre, repintando tu vida de nuevo, de un blanco puro.

Al ver caer la nieve silenciosamente esta mañana, rezo para que este «silencioso perdón» llegue también a vuestros corazones.